No existe mejor invitación a tomar conocimiento de las ciudad de Buenos Aires que La cabeza de Goliat, justamente porque fue escrito para desenmascarar sus fachadas, para perturbar sus cimientos y para pronosticar su final. El libro fue compuesto como un mosaico y cada una de sus fracciones fue sometida a una "microscopía", metáfora técnica del detallismo casi puntillista con que Ezequiel Martínez Estrada descompuso la ciudad hasta arribar a sus células elementales. Derivación temática de su obra cumbre, Radiografía de la pampa , La cabeza de Goliat fue gestada durante un tiempo de ensanchamiento, intensificación y modernización del núcleo urbano primigenio, y resulta ser una postal de la década de 1930. Detrás quedaba "la gran aldea" de fines de siglo XIX; por delante, la refulgencia metropolitana. En este texto Martínez Estrada concede que Buenos Aires es la mayor gloria de la Argentina, su mascarón de proa, su logro máximo, sin dejar de ser, a la vez, "la enfermedad mortal de la República". Tanto dinamismo y magnificencia desembocan en un triunfo pírrico: la grandeza es patología y la grandilocuencia un fracaso.
No existe mejor invitación a tomar conocimiento de las ciudad de Buenos Aires que La cabeza de Goliat, justamente porque fue escrito para desenmascarar sus fachadas, para perturbar sus cimientos y para pronosticar su final. El libro fue compuesto como un mosaico y cada una de sus fracciones fue sometida a una "microscopía", metáfora técnica del detallismo casi puntillista con que Ezequiel Martínez Estrada descompuso la ciudad hasta arribar a sus células elementales. Derivación temática de su obra cumbre, Radiografía de la pampa , La cabeza de Goliat fue gestada durante un tiempo de ensanchamiento, intensificación y modernización del núcleo urbano primigenio, y resulta ser una postal de la década de 1930. Detrás quedaba "la gran aldea" de fines de siglo XIX; por delante, la refulgencia metropolitana. En este texto Martínez Estrada concede que Buenos Aires es la mayor gloria de la Argentina, su mascarón de proa, su logro máximo, sin dejar de ser, a la vez, "la enfermedad mortal de la República". Tanto dinamismo y magnificencia desembocan en un triunfo pírrico: la grandeza es patología y la grandilocuencia un fracaso.