Un paseante sin rumbo en la hora del ocaso atraviesa las calles de París. Se llama a sí mismo el Espectador Nocturno. Va envuelto en una capa oscura y su sombrero de ala ancha lo corona un búho que parece guiarlo a través de los misterios de la ciudad convertida en un teatro de sombras. Es Rétif de la Bretonne, escritor francés que encarnó las polémicas y paradojas del siglo xviii marcado por los excesos de la razón y la pasión revolucionaria. Contemporáneo y antagonista de Sade, cuyas perversiones lo escandalizaban, Rétif vivió en la búsqueda simultánea de la virtud y el exceso, una combinación perturbadora que lo hacía deambular en el péndulo de la noche para registrar sus miserias y contrastes.
En esta selección de Las noches de París —que es quizás el libro que mejor refleja la avidez y curiosidad de este obsesivo “grafómano”, como lo llama Maurice Blanchot en el epílogo— deambulan los personajes más oscuros de la Ciudad Luz: amantes proscritos, ladrones y violadores, prostitutas y sepultureros, estudiantes de medicina en busca de cadáveres, buscadores de objetos perdidos, espías y ciegos, condes y duquesas melancólicas que buscan en las calles interminables de París las voluptuosidades que sólo la gran urbe les puede dar.
Un paseante sin rumbo en la hora del ocaso atraviesa las calles de París. Se llama a sí mismo el Espectador Nocturno. Va envuelto en una capa oscura y su sombrero de ala ancha lo corona un búho que parece guiarlo a través de los misterios de la ciudad convertida en un teatro de sombras. Es Rétif de la Bretonne, escritor francés que encarnó las polémicas y paradojas del siglo xviii marcado por los excesos de la razón y la pasión revolucionaria. Contemporáneo y antagonista de Sade, cuyas perversiones lo escandalizaban, Rétif vivió en la búsqueda simultánea de la virtud y el exceso, una combinación perturbadora que lo hacía deambular en el péndulo de la noche para registrar sus miserias y contrastes.
En esta selección de Las noches de París —que es quizás el libro que mejor refleja la avidez y curiosidad de este obsesivo “grafómano”, como lo llama Maurice Blanchot en el epílogo— deambulan los personajes más oscuros de la Ciudad Luz: amantes proscritos, ladrones y violadores, prostitutas y sepultureros, estudiantes de medicina en busca de cadáveres, buscadores de objetos perdidos, espías y ciegos, condes y duquesas melancólicas que buscan en las calles interminables de París las voluptuosidades que sólo la gran urbe les puede dar.